¡Ni una cucharadita de más!

El avioncito, el trenecito, el “mmm qué rico”, o el “mira que hay niños muriéndose de hambre y tú dejando la comida” … son técnicas utilizadas desde tiempos inmemorables…o no… (¿tendrán algo que ver la invención del minipimer o el ritmo de vida en el que no podemos permitirnos parar?).

Pero lo cierto es que se han ido propagando de generación en generación como si de una canción pegadiza de verano se tratase (des-pa-ci-to, ¡anda pero si hasta suena igual que lo del avioncito!).

¿Es necesario o recomendable utilizar estas artimañas para que coman?

Como ya he explicado en varias ocasiones, hay diferentes métodos de introducción de los alimentos, diferenciados principalmente por la consistencia y textura en que decidamos ofrecerlos y la manera en que nosotros intervenimos en el proceso.

En cuanto al orden de introducción, salvo en caso de alergias, intolerancias y algunas patologías, donde sería necesario hacer una evaluación individual, es el mismo para las diferentes formas.

Como profesional y como madre de una niña que lleva 7 meses de alimentación complementaria, de manera general y sin entrar en casos que requieran mayor atención como niños prematuros, recomiendo el método Baby Led Weaning.

En cuanto a nuestra intervención, en éste o cualquier otro método, debería ceñirse a elegir los alimentos que ofrecemos y ponerlos a su disposición en la forma y consistencia adecuadas en cada momento, según su desarrollo digestivo y psico-motor, evitando siempre el atragantamiento.

Aunque piensa que llegará un momento en que debas ir dando los alimentos en una forma más sólida y parecida a su versión original y dejando que sea él mismo quien coja la cuchara y se lo lleve a la boca (boca, suelo, trona, pelo de mamá o papá…ya sabemos cómo funciona esto), si es que decides optar por triturados.  Es curioso, que celebremos ver a un bebé de 10 meses comiéndose toda la papilla y luego, no quejemos de que a los 4 años solo quieran purés y aparten cualquier trocito que se encuentren. Reflexionemos pues, sobre qué decidimos hacer respecto a su alimentación también en este sentido.

“Perfecto, pero yo prefiero empezar dándole el alimento triturado”

Si optamos por dar el alimento triturado, al principio nuestro bebé no será capaz de llevarse la cuchara a la boca con acierto. Si alguien te ofrece una cucharada de una comida, ¿qué haces tú? Si tienes hambre, abres la boca y comes. ¿Y si no quieres o no te apetece más? Cierras la boca y/o apartas la cara. Ni avioncitos, ni trenecitos, ni naves espaciales… Respect.

Si a pesar de sellar mis labios a cal y canto, alguien intenta meterme un alimento a la fuerza en la boca o me amenaza diciendo que si no me lo acabo, no habrá postre (este es otro tema interesante a tratar…), me entrarían ganas de morderle la mano. Quizás tu hijo no te muerda, no. Pero estarás alimentando los siguientes pensamientos y emociones.

  • Comer en familia es una “m…”. En lugar de respirarse tranquilidad y harmonía, si la tensión y la presión son la tónica de cada comida, sí, perfectamente puede acabar pensando eso, por simplificar al máximo.
  • Hago algo (comer) por obtener una recompensa (premio: postre, juego…).
  • Miedo al castigo (no jugar, salir, etc.).
  • Culpabilidad. ¿Es que acaso tu hijo tiene la culpa de la pobreza y desnutrición infantil? Entonces, ¿por qué decimos esas cosas?
  • No presto atención a lo que hago, no tomo conciencia de todo el proceso. Es decir, ya podemos hacer hucha para que nuestro hijo vaya a futuros cursos de mindful eating.

Además de:

  • Aumentar el riesgo de desarrollo de patologías metabólicas de gran prevalencia (diabetes, obesidad…) y trastornos del comportamiento alimentario y aversiones por ciertos alimentos.

El control externo de la alimentación influye aquí y ahora, con todas las emociones y sentimientos mencionados que ayudamos a que el niño genere, y en un futuro, con todas las demás complicaciones a las que podemos estar dando pie.

De hecho una de las hipótesis de que la lactancia materna vs. la artificial puede tener un factor protector frente a la obesidad, es que el menor control de la alimentación, es decir, dar el pecho a demanda, promueve la autorregulación en el consumo de energía. ¿Qué quiere decir esto? Que el lactante podría adquirir la habilidad de consumir suficiente energía para cubrir sus necesidades.

Confía en su instinto a la hora de comer. Y si algo te preocupa porque tu hijo no es el de siempre (no sonríe, llora, tiene fiebre, se muestra cansado…), confía en el tuyo y acude a su pediatra cuanto antes.

 

En conclusión…

No os quepa duda de que nuestro comportamiento como padres en la alimentación de nuestros hijos es sumamente importante. Sino echemos un vistazo a nuestro alrededor y a nuestra propia experiencia y pensemos cómo nos han alimentado y qué consecuencias ha tenido.

Así que dejemos el trenecito y el avioncito para lo que son: para darnos un paseo en ellos.