Lactancia materna, protección frente a la obesidad

La obesidad, declarada una enfermedad en 2013 por la Asociación Médica Americana (AMA), crece a pasos agigantados. La Organización Mundial de la Salud nos informa que , en 2008, más de 1400 millones de adultos tenían sobrepeso y más de 500, obesidad.

Pero no se trata solo de un problema de adultos. En 2013, más de 42 millones de niños menores de cinco años de edad tenían sobrepeso. ¿Qué favorece esto? Dificultad respiratoria, mayor riesgo de fracturas e hipertensión, marcadores tempranos de enfermedad cardiovascular, resistencia a la insulina y efectos psicológicos. Ahí es nada… Por ello y porque se asocia a un mayor riesgo de obesidad en la edad adulta, muerte prematura y discapacidad, es necesario actuar cuanto antes. Y una de las formas es mediante la alimentación desde el momento en que nacen.

La leche materna, el primer alimento que recibe el recién nacido, podría ser uno de los factores protectores frente al sobrepeso y la obesidad del lactante en la edad infantil y en su vida adulta.

La leche humana es una secreción de la glándula mamaria que contiene todos los nutrientes que el lactante necesita durante los seis primeros meses de vida. Esto incluye elementos nutritivos (macronutrientes, micronutrientes y agua) y otros componentes bioactivos, que fortalecen el sistema inmunitario e inmaduro del lactante.

El primer estudio que indicaba un efecto protector significativo de la lactancia materna contra la obesidad infantil fue publicado por Kramer en 1981. Estos resultados sólo se confirmaron recientemente cuando varios estudios epidemiológicos a gran escala y con un diseño de estudio más adecuado y suficiente, fueron publicados. En uno de ellos, se mostraba una reducción del riesgo de un 4% por cada mes que se prolongase la lactancia materna.

¿Cuáles son los factores que podrían explicar esta relación?

Hay estudios que revelan la presencia de hormonas y compuestos bioactivos en la leche humana relacionadas con la homeostasis energética y la regulación de la ingesta y del metabolismo de la glucosa. Entre ellas se encuentran la leptina, la adiponectina, la grelina, la obestatina y el factor de crecimiento insulínico 1 (IGF-1). Éstas podrían tener influencia en el crecimiento y aumento de peso en la primera infancia y, a largo plazo, en la programación del balance energético.

Por otro lado, la mayor ingesta de proteínas mediante las leches comerciales y su estimulación del factor de crecimiento insulínico, podría marcar la diferencia en los patrones de crecimiento. También se ha observado que la leche humana puede modular la microbiota intestinal que se instalará en el recién nacido, generando unas bacterias protectoras de la obesidad.

Otra de las hipótesis propuestas es que la lactancia materna frente a la alimentación con fórmula, está asociada a un menor control maternal de la alimentación lo que promueve la autorregulación en el consumo de energía, es decir, el lactante podría adquirir la habilidad de consumir suficiente energía para cubrir sus necesidades. En la lactancia materna a demanda es el bebé quien determina la cantidad ingerida, respondiendo a las señales de hambre y saciedad. En cambio, las madres que dan alimentación artificial podrían ejercer una mayor presión para que el niño se termine el biberón, y que esto se repita años después, presionándolos a acabarse la comida y disminuyendo la respuesta de saciedad del niño.

La posible protección frente a la obesidad es sólo uno de los beneficios de la lactancia materna. La madre y el bebé pueden beneficiarse de otros como:

  • La madre: una reducción del riesgo de cáncer de mama y de ovario en el futuro, o una recuperación del peso anterior al embarazo.
  • El niño/a: protección de la diarrea y la neumonía, principales causas de mortalidad mundial en la infancia, la dermatitis atópica y el asma, y a largo plazo, podrían ser menos propensos a sufrir Diabetes Mellitus tipo 2. Además de los vínculos emocionales que se puedan crear entre madre e hijo.

Obviamente, son muchísimos los factores que influyen en el desarrollo de la obesidad, y hemos de tratar de intervenir en todos los que podamos, como profesionales (nutricionistas, médicos, profesionales de la actividad física y el deporte, endocrinos, psicólogos, sociólogos….) y como individuos (padres, tíos, abuelos…).

¡Feliz Día Nacional de la Nutrición!

 

Bibliografía consultada:

  • Organización Mundial de la Salud. Obesidad y sobrepeso [Internet]. 2015 [acceso en mayo 2015] Disponible en: http://www.who.int/mediacentre/factsheets/fs311/es
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